Sobre los derechos de autor

Las leyes de protección de los derechos de autor amparan a todos aquellos trabajos que se hayan creado en cualquier área literaria o artística. Así, estas normas protegen a obras literarias, pinturas o música o, como se puede leer en la web del ministerio de Cultura, a las “creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas en cualquier medio”. El copyright solo protege a los trabajos creados y no blinda a las ideas. Es decir, si estás pensando en crear una sinfonía cuyos sonidos recuerden a la primavera solo estarás protegido por las normas de derechos de autor cuando realmente la realices y no mientras estés pensando en hacerlo.

¿Qué hay que hacer para estar blindado por los derechos de autor?
Tu propia condición de creador del contenido te protege ya como poseedor de los derechos del mismo. Es decir, uno tiene la propiedad intelectual de un contenido desde el momento en el que lo crea. Por poner un ejemplo, una novela no está blindada por el copyright de su autor únicamente en el momento en el que es publicada. En el momento en el que escritor pone punto y final a su obra es ya el poseedor de los derechos intelectuales de la misma. Por tanto, la inscripción de la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual es, aunque recomendable, voluntaria. Sin embargo, y para protegerlos de forma más clara, se recomienda registrar la propiedad intelectual en el depósito de la misma.

El derecho de autor no solo es una cuestión de atribución y por tanto de derecho moral. Poseer los derechos de autor de una obra no solo obliga a los demás a citar siempre al autor o a no hacer pasar el trabajo de otros por propio sino que además da un control sobre lo que se hace con él. La propiedad intelectual de una obra da derecho a decidir desde si se quiere hacer o no público el contenido hasta quien puede o no reproducirlo. Por supuesto, la propiedad intelectual da pleno control sobre toda la parte económica asociada al mismo.

A pesar de que la propiedad intelectual es la que garantiza que un autor tiene el control de su obra, no es eterna. Los derechos de autor tienen una vida limitada, que cubre la vida del autor y un período posterior tras su muerte, en el que los derechos están en poder de sus herederos. En el caso de España, por ejemplo, el derecho de autor cubre toda la vida del autor y expira entre 70 y 80 años después de su muerte. ¿Por qué el legado de algunos autores está protegido diez años más que el de otros? Todo depende del momento en el que murieron los autores afectados y por tanto la ley de Propiedad Intelectual que estaba vigente en ese momento. Los fallecidos antes de 1989 están cubiertos a 80 años porque en el momento de su fallecimiento regía una norma de finales del siglo XIX que era más conservadora a la hora de blindar de los derechos de sus herederos.

En otros países la situación puede variar, ya que no existe una ley global de los derechos de autor y cada estado tiene sus propias normativas. En general, en los países de la Unión Europea el derecho de autor cubre la vida del mismo y los 70 años posteriores a su fallecimiento. En el caso de los países de América Latina, la situación varía bastante entre diferentes estados. En México, por ejemplo, la protección de copyright abarca la vida del autor y los 100 años que siguen a su muerte, mientras que en Venezuela solo cubre la vida y los 60 años posteriores a su fallecimiento.

En general, sin embargo, se podría decir que el mínimo mundial de protección de la propiedad intelectual está en la vida del autor y los 50 años posteriores a su muerte, exceptuando el caso de las fotos, que es lo que estipuló en su momento la Convención de Berna, firmado por primera vez a finales del siglo XIX y renovada por última vez en los años 70. De todos modos, y para asegurarse de las condiciones que se aplican en el país que corresponde a cada uno, lo más recomendable es leer la normativa específica de derecho de autor y protección del mismo asociada. Encontrar la ley correspondiente es muy fácil, ya que la UNESCO cuenta con un site especializado en el que están listadas todas las leyes de derecho de autor del mundo.

Una vez que estos plazos expiran, las obras entran en lo que se conoce como dominio público, que podría ser explicado como una ‘propiedad de todos’. Las obras en dominio público no están ya protegidas por las leyes de propiedad intelectual y pueden ser distribuidas, modificadas o servir de base para producciones derivadas de forma completamente libre.

Licencias Creative Commons

La existencia del copyright y las obligaciones que implica es un tema que en los últimos tiempos, especialmente tras el boom de internet, ha generado mucho debate. Las normas actuales cuentan con detractores que consideran que la excesiva protección de la propiedad intelectual limita el desarrollo de la cultura y la distribución de la misma. Esto ha generado un escenario en el que han nacido ciertas alternativas que permiten gestionar la propiedad intelectual de las obras creadas de forma diferente.

En la actualidad, existen alternativas al copyright tradicional a la hora de distribuir los contenidos. Así, algunos autores apuestan por convertir sus obras en trabajos Creative Commons. Cualquier persona que tenga los derechos de autor de un contenido puede usar estas licencias para su distribución. Lo único que hay que hacer para poder usar de estas licencias es mencionar en el trabajo en cuestión que está bajo una licencia Creative Commons e indicar exactamente a cuál de todas ellas se está acogiendo ese contenido.

Las licencias Creative Commons permiten una distribución de los contenidos mucho más libre y menos restrictiva que las licencias de propiedad intelectual tradicionales. En general, permiten que terceros copien o distribuyan el contenido sin tener que informar a los responsables de los derechos. Existen licencias Creative Commons para muchas y muy variadas estructuras de licenciamiento de contenidos. Los creadores de contenidos pueden escoger entre seis licencias, que generan diferentes niveles de protección en cuestiones como el reutilizar esos contenidos, el generar contenidos derivados o el uso de los mismos con fines comerciales.