Ayuda legal

Uno de los principales retos a los que se enfrentan los productores de contenidos a la hora de crear sus audios es saber si lo que están haciendo es o no lícito. Internet hace que encontrar recursos sea muy sencillo, pero lo cierto es que no todo lo localizado con un único clic puede ser empleado de forma completamente legal y sin infringir los derechos de autor de los demás. No debes olvidar nunca que de entrada todos los productos culturales están protegidos por los derechos de autor y que, por tanto, no puedes emplearlos como mejor te parezca y sobre todo con ánimo de lucro. Existen ciertas excepciones a la norma, pero dado que lo más probable es que los contenidos con los que te encuentres estén aún blindados por las normativas de derechos de autor es recomendable ser cuidadoso ante su uso.

Por tanto, debes tener cuidado a la hora de crear tus propios contenidos y a la hora de emplear el audio ajeno. Por ejemplo, no importa que hayas sido tú quien ha grabado un concierto de forma presencial con tu equipo de grabación. La música que has escuchado y que has grabado está protegida por los derechos de autor de sus creadores y de sus intérpretes y, por tanto, no tienes derecho a reproducirla sin la autorización expresa de sus creadores. Lo mismo sucedería, por poner otro ejemplo, si tomases por tu cuenta la letra de una canción y la cantases tú mismo. Aunque el intérprete eres tú y tuyos son por tanto los derechos de la ejecución, tanto la sintonía que has empleado como la letra de la canción están protegidas por los derechos de autor de sus creadores y no pueden ser usadas sin permiso.

¿Es por tanto imposible escapar al copyright de los trabajos de los demás? En realidad no: cada día se generan nuevos contenidos en internet que tienen sus propios derechos de autor y que no están infringiendo los derechos de ningún tercero. La manera más segura de saber que no se ha infringido el copyrigth de nadie es la de crear contenidos en los que se haya realizado toda la producción desde el principio hasta el final. Si tú has creado la música, la voz, el guión y todos los elementos que conforman el podcast, tendrás el control de todos los contenidos que estás ofreciendo y nadie más tendrá derechos sobre el mismo.

Sin embargo, ser el responsable de todo parece muy complicado o muy poco factible. La música de la cabecera o de fondo suelen ser un elemento en el que lo habitual es echar mano del trabajo de un experto. En el caso de los audiolibros, no siempre el productor es el responsable del texto literario que se está leyendo. Por tanto, el peligro de cruzar la línea entre lo que es legal y lo que no está siempre presente.

¿Cómo evitarlo? En primer lugar siempre se debe negociar directamente con los responsables de los derechos de autor de los contenidos que se quieren reproducir. En el caso de la música, por ejemplo, es preciso acudir a la SGAE o al organismo de derechos de autor que corresponda en el país en el que se está para gestionar el pago de una licencia de reproducción. En el caso de los libros, por poner otro ejemplo, hay que dirigirse al escritor, a su agente o a su editorial para poder comprar el derecho de edición en formato audiolibro.

Si no se tiene un presupuesto abultado o no se quiere pagar por emplear contenidos de terceros, se puede optar por otras vías. Lo principal es tener claro que por muy accesibles que sean los contenidos en internet no todos pueden ser usados. No importa que la canción que deseamos emplear haya sido compartida de forma irregular en internet: que la infracción de copyright la haya cometido otro en un primer momento, no nos exime de culpa si la reutilizamos. Por tanto, no se puede usar una simple búsqueda en Google o en sus competidores para encontrar las fuentes que se emplearán a la hora de construir un audio.

El primer punto a tener en cuenta es que hay ocasiones en las que el derecho de autor no se aplica. Esto sucede en los medios de comunicación o en los contenidos educativos. En ambos casos, se aplica el derecho de cita y los creadores de contenidos informativos y educativos pueden reproducir contenidos de terceros. La reproducción tiene que estar justificada y está igualmente limitada. No se puede esgrimir que se ha ofrecido un contenido protegido simplemente aludiendo a la voluntad educativa.

El segundo punto que debemos tener en cuenta cuando se crean contenidos es que existen fuente en las que el derecho de autor o bien ya no se aplica o bien se ha gestionado de forma completamente diferente.

Existen, por tanto, contenidos libres de derechos de autor, es decir, los contenidos que ya han entrado en dominio público. Puedes leer nuestro texto informativo sobre el derecho de autor para descubrir cómo y cuándo acaban los derechos de autor. Todas las obras que están ya en dominio público pueden ser distribuidas, reproducidas, alteradas y empleadas con los fines que se deseen. Es decir, se pueden usar para crear contenidos propios y no se estará realizando ninguna infracción de copyright. Así, por ejemplo, puedes usar una novela de Charles Dickens o de Jane Austen para producir un audiobook o puedes emplear una sintonía de Beethoven o un fragmento de Chopin como música para tu audio. La única limitación que debes tener en cuenta es que los contenidos originales de estos autores están libres de derechos de autor, pero no las obras derivadas de los mismos. Para que comprendas estas limitaciones te vamos a dar varios ejemplos prácticos. Para usar una novela de Dickens como base para crear un audiobook tendrías que emplear la edición original o una traducción cuyo traductor no esté ya protegido por los derechos de autor: no vale con ir a una librería y comprar la última edición que cualquier editorial contemporánea ha publicado. Estarías infringiendo los derechos de los traductores y editores. Lo mismo sucede con la música clásica. Puedes usar a Chopin, pero no la última ejecución que hizo una orquesta famosa.

Las obras de domino público no son las únicas disponibles para generar contenidos derivados. Existen más licencias de derechos de autor que el copyright. Algunos creadores están lanzando sus obras directamente como libres de derechos y por tanto pueden ser empleadas como quieras. Otros creadores emplean licencias creative commons, que permiten a terceros reproducir, modificar o crear productos derivados a partir de sus obras. Si vas a emplear una obra con una licencia creative commons como base debes tener en cuenta, sin embargo, ciertas limitaciones. Los autores creative commons pueden escoger diferentes niveles de protección de sus derechos y limitar por tanto lo que puedes o no hacer con su obra. Algunas licencias no permiten modificar los contenidos y otras solo permiten reutilizarlos si se emplea también una licencia creative commons para el producto final.

Encontrar estos contenidos no es complicado, ya que existen sites especializados que los aglutinan. Project Gutenberg es la principal fuente – y una de las más fiables – para encontrar libros que han caído en dominio público y también tiene un apartado de música. No es la única. Existen webs especializadas en música clásica, como ClassiqueArchives, y otras como Mutopia, que aglutinan obras que han caído en dominio público. La Wikimedia también alberga sonidos libres de derechos, aunque no se limita solo a música.

Igualmente, no es necesario limitarse a la música clásica como recurso. Portales como Jamendo permiten encontrar recursos contemporáneos reutilizables.